Arribes del Duero: El Paisaje Orquesta

Arribes del Duero: El Paisaje Orquesta

Arribes del Duero Fermoselle Zamora - Ecoturismo en España
Viñedo y almendro cerca de Fermoselle
Paisaje Arribes del Duero Zamora - Ecoturismo en España
Paisaje de Arribes del Duero cerca del cañón del río Duero
Olivo Arribes del Duero Zamora - Ecoturismo en España
Olivo junto a muro de piedra en Arribes del Duero

Durante uno de los fines de semana más soleados del pasado mes de marzo nos lanzamos fuera de casa para disfrutar de los primeros rayos de sol en condiciones después de una laaaarga temporada de borrasca tras borrasca.

El día no podía empezar de forma más prometedora: cielo azul en muchos kilómetros a la redonda, temperatura suave, y la primavera asomando sin tapujos a la vuelta de la esquina.

Con este panorama nos decidimos por acercarnos a Los Arribes del Duero en la provincia de Zamora. En otra ocasión tocará ir a Las Arribes, en Salamanca, llena también de atractivos de los que nos gustan…. ;)

Entre las múltiples opciones posibles nos decantamos por pasar la mañana paseando por un tramo del GR14, para comer después en Fermoselle.

Aparcamos el coche y en cuanto pusimos pie a tierra, la cosa ya pintaba bien: el pueblo estaba entregado a una tranquila actividad que nos invitaba a participar de su ritmo relajado: sus habitantes atendían tranquilos los quehaceres que no entienden de calendario: desbrozaban el huerto, acarreaban leña, labraban las cortinas… Los pájaros vestían ya sus galas de fiesta y se afanaban en elegir las mejores ramillas para sus nidos, inmersos del todo en el frenesí de gustarse y defender sus territorios… Las mariposas se encontraban unas con otras en sus malabarismos aéreos, sacudiéndose el frio de los meses pasados… Los frutales explotaban el color de sus flores blancas y rosas mientras las yemas de chopos y sauces comenzaban a romperse empujadas por las incipientes hojas… Tan sólo los robles melojos dormían aún. Su sueño es siempre más largo…

Durante el camino disfrutamos del mosaico de bosque mediterráneo en plena armonía con el hombre, que alberga esta joyita de rincón del  mundo: encinas y alcornoques imponentes, grandes y espigados enebros, olivos, jaras, escobas, almendros, cornicabras, vides... Buitres leonados, alimoches, águilas perdiceras y reales, cigüeñas blancas y negras, tarabillas, currucas, una diversidad de anfibios y reptiles única, mariposas, libélulas... Muros, cortinas, cigüeñales, pozos, fuentes, hornos, puentes, molinos... Cañones, barrancos, terrazas, berrocales, cultivos... Pizarra, granito, micacita, gneis, cuarcita… Queso, mermelada, aceite, vino...

Verdaderamente todo actuaba como una orquesta perfectamente coordinada, para presentar en conjunto un paisaje espectacular.

4 horas después, la comida contribuyó a que todo siguiese siendo perfecto: Bacalao a la tranca, rabo estofado y… ¡queso cremoso de Cañarejal! (un viejo conocido que aporta sus fantásticas cualidades a la ruta Caminos del Queso), acompañado de exquisitas mermeladas caseras de tomate e higos. De postre, una deliciosa tarta de naranja y crema de almendras, licor casero y charla con la amable cocinera y su marido.

Tras un agradable paseo por las calles de Fermoselle, regresamos agradecidos por la fantástica jornada que nuevamente se nos había regalado, más sabios y más felices.

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